Padre nuestro

Cuando le preguntaron a Jesús como orar el les dio el Padre nuestro, la oración de los cristianos, pero ¿Qué significan estas palabras para un cristiano? Indicaré a continuación lo que a mi me inspiran estas palabras.
Padre. Nuestro Creador, el que nos pensó antes de todos los tiempos, el que quería que estuviésemos aquí y ahora, con nuestros errores y aciertos, nuestras virtudes y defectos. El que nos ama como a hijos, el que sufre con nosotros y se alegra con nosotros. Para que pudiésemos llamarle Padre nos dio la libertad, en eso somos iguales a Él, somos incluso superiores a los ángeles ya que ellos no tienen libertad, viven en la presencia de Dios, no pueden no creer. Nosotros si podemos elegir creer o no, podemos elegir el camino de la vida o de la muerte. Nos creaste y nos amas como hijos tuyos, por eso podemos llamarte Padre.
Nuestro. Que importante es para los cristianos rezar en unión, Dios nos creo a todos iguales, y como hijos suyos somos todos hermanos. El cristianismo es signo de unión, esta unión se construye con el amor. En palabras de San Juan Pablo II, el ser humano es una criatura de tal valor que la única manera correcta de tratarle es el amor. Cuando los cristianos decimos Padre nuestro, le llamamos desde la unión de todos, de los que estamos hoy viviendo, de los que ya murieron y de los que aun no han nacido. Es toda su iglesia la que apela a Él.
Que estás en el cielo. No podemos verte, ni oírte y sin embargo para el creyente tu presencia es abrumadora y real. Te vemos en la belleza del universo, en el amor, en la perfección de tu creación. Pero Tú habitas en la eternidad donde no hay tiempo ni espacio. Donde un instante son mil siglos y mil siglos transcurren en un instante. Tu lo ves todo a la vez, lo que ya ha ocurrido, y lo que está por venir, por que en el momento de la creación sucedió todo, pero a nosotros nos has dado el tiempo para que podamos luchar por habitar en el camino de la vida y que esta lucha nos transforme y nos ayude a llegar a ti, comprender tu amor, ver con tu mirada y habitar en la eternidad pasado el juicio.
Santificado sea tu nombre. Nos lo das todo cada día, a pesar de no merecer nada, de traicionar tu amor y fallar diariamente, tu sigues dándonoslo todo. Es como el padre que le da su hijo la vida, le alimenta, le cobija, le viste, le enseña, le ama y también le da una mesa, unos colores y papel, le da todo, y el niño le devuelve un garabato en un papel medio roto y sucio, y ese padre lleno de orgullo lo pone en la nevera para que todo el mundo lo pueda apreciar. Así somos nosotros, como ese niño, nos lo das todo y no producimos mas que pequeñas chapuzas y encima nos atrevemos a sentirnos orgullosos de nuestros “logros” cuando todo es merito tuyo. Esa es tu generosidad este “Santificado sea tu nombre” es nuestra expresión de agradecimiento.
Venga a nosotros tu reino. ¿Te imaginas un mundo en el que ya no exista el miedo, y por tanto no exista el egoísmo?¿Dónde seamos capaces de comprender y perdonar los errores de los demás?¿Donde nos alegremos con los logros de los demás y suframos con su dolor? ¿Un mundo en el que nos miremos con amor y nuestra vida sea entrega a los demás? Ese es el Reino de la Palabra que nos trajo el evangelio, el Reino cuya ley principal es que amemos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Nos corresponde a nosotros hacer que el reino de Dios habite a nuestro alrededor, en como nos relacionamos con los demás, bien personalmente o a través de nuestro trabajo, podemos hacer que “Venga a nosotros tu reino”.
Hágase tu voluntad así en el cielo como en la tierra. Hágase tu voluntad y no la mía. Por favor, que mis defectos y miserias no sean un obstáculo para que tu amor llegue, a través de mi, a mis hermanos, tus hijos. Ayúdame a olvidarme de mi mismo y ha entregarme por completo a los demás. Libérame de mi mismo, de mis miedos, para que mi entrega sea absoluta. Supongo que en el cielo es fácil cumplir tu voluntad, en tu presencia todo tiene sentido, pero en la tierra tocamos sin partitura, de oído, nos das la libertad y nos dejas elegir. Solo con tu ayuda, con la ayuda de la Fé somos capaces de andar en el camino de la vida, en el camino del amor, al fin y al cabo en el camino de la entrega a los demás. Si no te tuviéramos a ti seguiríamos comportándonos como animales, movidos por el miedo y el egoísmo. Por eso te pedimos ayuda para cumplir tu voluntad.
El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Nuestra alma se alimenta de amor, de recibir amor y sobre todo de dar amor. Este amor misericordioso de los cristianos es pensar en las necesidades de los demás antes que en las nuestras, es entregarnos a los demás por encima de nuestros intereses. Este es el amor que alimenta nuestra alma y nos transforma. El amor que recibimos nos alimenta, el amor que damos nos transforma.
Perdónanos nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Quien ha sufrido lo tiene mas fácil para amar misericordiosamente, quien se ha sentido perdonado es mas capaz de perdonar. Con estas palabras los cristianos reconocemos lo imperfectos que somos. Entonces, desde esta imperfección y miseria ¿ Cómo nos atrevemos a no perdonar? ¿Cómo nos atrevemos a sentirnos superiores a nadie? Debemos perdonar a todos los que consideramos que nos han faltado en algo si queremos ser capaces de sentirnos perdonados. Dios perdona siempre, el hombre a veces y la naturaleza nunca. Dios es la fuente de todo perdón, de nuevo, dejemos que su perdón fluya a través de nosotros para que llegue a nuestro prójimo, no seamos un obstáculo.
No nos dejes caer en la tentación. Somos débiles y fallamos constantemente, de palabra, de obra, de pensamiento o por omisión, no te apartes de nuestro lado y ayúdanos en nuestra lucha por permanecer a tu lado. Tu siempre estas a nuestro lado pero a veces se nos olvida y dejamos que el miedo rija nuestras decisiones, no lo permitas, nos entregamos a ti.
Y libranos del mal. Y para todo lo que ni tan siquiera somos capaces de ver te tenemos a ti, tu presencia sobrenatural nos protege.
Amén